na amenaza permanente. La protagonista de la serie es Mizu, una joven que domina a la perfección el arte de la espada y cuyo gran objetivo es la venganza. Mizu busca matar a cuatro hombres europeos presentes en Japón cuando ella nació y que violaron a su madre. Uno de ellos es, además, el padre de Mizu, que es mitad europea, mitad japonesa. Para poder cumplir su misión ella no sólo debe esconder su condición de mujer, sino también de mestiza, lo que la convierte en una persona que está rompiendo dos reglas fundamentales de aquellos años. Mientras tanto, la princesa Akemi, la única hija de Lord Daiichi Tokunobu, intenta convencer a su padre para que apruebe su matrimonio con Taigen, un joven y consumado samurái de origen humilde. Esa es otra historia que crecerá a lo largo de los episodios y completará el mundo de la serie.
La tarea quijotesca de Mizu incluye a un joven cocinero, Ringo, que le ruega lo lleve como aprendiz y termina convirtiéndose en su Sancho Panza versión japonesa. La aventura de los personajes centrales es una combinación de relatos de caballería, historias de samurais, westerns y todo tipo de narrativa de aventuras, una perfecta continuidad entre drama y acción que no para de sorprender, con algunos capítulos, como el cinco y el seis, que muestran las posibilidades ilimitadas de un producto que entiende todos los códigos de género y se siente a gusto jugando con un perfecto clasicismo mechado con algunos toques de modernidad. Porque sí, aunque Samurai de ojos azules es lo más clásico que uno pueda imaginar, no le teme tampoco a algunos guiños estéticos modernos. Su árbol genealógico va desde el western clásico a Quentin Tarantino, de Akira Kurosawa a Sergio Leone. Como el Zatoichi de Takeshi Kitano, entra y sale de lo clásico y lo moderno sin culpa, aunque el promedio final es más bien de la vieja escuela.
La historia de una mujer disfrazada de hombre es tan antigua como el cine mismo. Desde la osada versión de Hamlet que protagonizó Asta Nielsen en la cual el príncipe de Dinamarca era una mujer hasta ejemplos más recientes como el western La balada de Little Jo (1993) de Maggie Greenwald o todas las adaptaciones de Mulan hechas en oriente y occidente, el tema aparece una y otra vez. A veces a modo de comedia, a veces como un recurso inevitable para las mujeres que quieren sobrevivir en un mundo de hombres. Otros ejemplos son Yentl (1983), Vidalita (1948), Albert Nobbs (2011) y no hay casi ningún país donde este recurso no haya existido. Acá está plenamente justificado y es una parte fundamental de todo el sentido de la historia, además de aportar una enorme cantidad de drama y suspenso. El personaje central de Samurai de ojos azules es extraordinario y ya hubieran querido los directores de otros géneros y otras épocas tener una historia así, sin pensar ni siquiera en la animación.
Es bueno recordar que aunque transcurre en Japón y es una serie de animación, no estamos acá frente a un animé en estado puro. Hablada en inglés y con elementos occidentales en la forma, Samurai de ojos azules rompe con algunos elementos estéticos, empezando por la idea más tridimensional en las animaciones que renuncia al estilo intencionalmente limitado en los movimientos que suelen tener los animé en general. Los más ortodoxos amantes del animé claramente la verán como un producto diferente al estilo más tradicional del género pero eso no afectará en nada a los demás espectadores. Hay que insistir en que el que sea una serie de animé impura es casi un juego con la protagonista, qué es vista justamente como un monstruo, como un error en el sistema, como algo que rompe las reglas y la pureza de un universo cerrado sobre sí mismo y negado a abrirse al exterior.
Decíamos que el animé es un universo prácticamente inabarcable, pero la era del streaming le ha permitido llegar a mucha más gente y volver más masivo un número enorme de productos. Algunos, como este, hecho específicamente para este formato. Para quienes han disfrutado de las películas de samuráis desde Akira Kurosawa hasta el presente y para quienes amen el western clásico, el revisionista y el Spaghetti western, acá van a poder apreciar una nueva capa a esa interacciones entre los géneros de Japón y Estados Unidos, ya fusionados también en exponentes europeos. Muchos géneros del cine japonés brillan en estos episodios, así como también el teatro kabuki, las historias de geishas, el cine bélico y todo el imaginario de las películas japonesas. Su acercamiento al western y la literatura de caballería vuelve a Samurai de ojos azules un puente para entrar en este mundo de la animación para empezar conocerlo más y olvidarse de las ideas preconcebidas. Una de las mejores series de los últimos años, animadas o no animadas, que van a encontrar en Netflix.