Las minas del Rey salomón (1985)

Las minas del Rey Salomón (King Solomon’s Mines, Estados Unidos, 1985) es una adaptación de la novela victoriana de aventuras escrita por H. Rider Haggard publicada en el año 1885, es decir justo un siglo antes del estreno de la película. Para ubicar a la película en el mapa de la historia del cine de los ochenta, hay que entender que pertenece a la ola de películas de aventuras surgida luego del éxito descomunal de Los cazadores del Arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981) de Steven Spielberg. Gracias al personaje de Indiana Jones, el género de aventuras resurgió luego de décadas de revisionismo y pocos exponentes en salas. La última edad de oro había sido en la década del cincuenta, donde justamente se había realizado la versión más importante de esta historia: Las minas del Rey Salomón (1950) protagonizada por Stewart Granger y Deborah Kerr. Es importante aclarar que esta nueva adaptación está producida nada menos que por los legendarios productores Yoram Globus y Menahem Golan, es decir, los responsables de Cannon Films. No se necesita decir más: estamos frente a la adaptación de un clásico de la literatura que busca subirse al éxito de otra franquicia y bajo la producción del más raro y prolífico estudio de productos clase B de la década del ochenta. Ver la película es confirmar que todo eso salta a la vista.

Jesse Huston (Sharon Stone) contrata a Allan Quatermain (Richard Chamberlain) para que encuentre a su padre, el profesor Jediah Huston (Bernard Archard), quien ha desaparecido en una expedición en busca de las legendarias Minas del Rey Salomón. Quatermain y su compañero, el misterioso Umbopo (Ken Gampu), se adentran en territorio desconocido siguiendo un mapa, acompañados por Jesse. El profesor Huston ha sido capturado por una expedición militar alemana que realizaba la misma búsqueda, liderada por el coronel Bockner (Herbert Lom) y el traficante de esclavos y aventurero turco Dogati (John Rhys-Davies), un antiguo adversario de Quatermain. La historia mezcla al libro original con las dos películas ya estrenadas de Indiana Jones. El personaje de Jesse se parece más al de Willie Scott (Kate Capshaw) en Indiana Jones y el templo de la perdición que al de Marion Ravenwood (Karen Allen) en Los cazadores del Arca perdida, lo que le agrega más comedia a una película que nunca se toma muy en serio.

El propio Richard Chamberlain admitió que fue engañado por los productores del film, quienes le aseguraron una producción de mucho más nivel de lo que finalmente se vio en el rodaje y en la post producción. Tanta fe se tenían Golan y Globus que se filmaron dos películas al mismo tiempo, aunque en muchos países la secuela fue directo a video. El director, J. Lee Thompson, tenía varios clásicos en su historial, tales como Los cañones de Navarone (1961) y la primera versión de Cabo de miedo (1962). Para 1985 sus mejores momentos, tanto como director de acción, así como realizador de dramas prestigiosos, habían quedado atrás. Todo el final de su carrera estuvo bajo las órdenes de Cannon Films, haciendo películas de segunda línea, como la que acá comentamos. Sharon Stone todavía no era una estrella y le faltaban algunos años para serlo. John Rhys-Davies es un buen gancho para los seguidores de Indiana Jones y también fue él quién comentó que no podía creer que Herbert Lom participara de una película como esta. Dónde parece que no hubo nivel clase B fue en la música, la partitura de Jerry Goldsmith es un verdadero lujo. Aunque parece más grande que la película y por momentos puede sonar irónica, la evocación del mundo de John Williams más una identidad propia, hacen que lo que la imagen no da, la banda de sonido presta.

La nostalgia puede hacernos creer que esta película que vimos en cine cuando se estrenó es mejor de lo que realmente es. La escena inicial es un resumen perfecto. Empieza con cierta prolijidad clásica y termina montada con una torpeza irremontable. Así será la mayor parte del tiempo en toda película. Severos saltos de continuidad en lugar donde importa, situaciones absurdas resueltas de forma casi paródica y otras, por suerte, intencionalmente graciosas. El momento en el cuál una tribu caníbal quiere cocinar a la pareja protagónica en una olla gigante de barro es delirante. Chamberlain y Stone discutiendo cómo escapar mientras tomates y verduras varias de plástico flotan a su alrededor es una locura. Tal vez algunas décadas atrás podía funcionar, pero luego de Indiana Jones la vara se elevó muy arriba. Las comparaciones son odiosas, pero la propia película las pide a gritos. Por lo demás, tiene algunos momentos divertidos, buen humor para burlarse de los alemanes de la Primera Guerra Mundial, y está filmada parcialmente en África y se nota. Lo mejor: tiene arenas movedizas, algo imprescindible para una película de aventuras que se precie como tal.

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