Bolas arriba (Balls Up, Estados Unidos, 2026) es una comedia de Peter Farrelly, uno de los famosos hermanos Farrelly. Juntos realizaron comedias como Tonto y retonto, Loco por Mary, Irene, yo y mi otro yo y Amor ciego. Por separado, Peter ha tenido una carrera muy rara, sorprendente en todo sentido. Dirigió Green Book (2018), película que ganó el Oscar a mejor película aun no siendo nominada al premio a mejor director, siendo Farrelly productor, se llevó el premio por la película. También dirigió Operación cerveza (2023), una gran historia con buenos actores, y la horrible Ricky Stanicky (2024), ya de regreso a su humor de los comienzos. Ahora parece haberse instalado en el streaming y este nuevo estreno es otro ejemplo de comedia de formato hogareño
Bolas arriba parece un título de comedia picaresca y la verdad es que lo es. Quien conozca a los Farrelly sabe que su humor crudo incluye referencias sexuales y chistes escatológicos. Supieron generar una revolución en su momento, rompiendo reglas no escritas primero, y demostrando una humanidad enorme y un genuino sentido de inclusión después. Todo eso, en algún aspecto, tal vez esté acá, pero lejos del esplendor de su cine. Los protagonistas de la película trabajan en marketing de una empresa de condones cuyo gran proyecto es convertirse en los condones oficiales del mundial de fútbol Brasil 2025. Esta licencia poético futbolística distraerá bastante a los amantes del deporte, pero es difícil que la FIFA apoye una comedia sobre condones, aunque en países como Argentina esto podría ser un perfecto chiste de los Farrelly.
Elijah DeBell (Paul Walter Hauser) ha creado un condón que cubre hasta los testículos, pero su ingenio para la creación no incluye su capacidad para venderlo. Ahí es donde entra Brad Lewison (Mark Wahlberg) un entusiasta vendedor, capaz de convencer a cualquier de un proyecto. Su proyecto de convencer al ministro de turismo (Benjamin Bratt) tiene éxito, pero pronto las cosas se complican al estilo Farrelly y los dos norteamericanos terminarán haciendo un desastre que los convierte en los enemigos públicos número 1 de Brasil. En el medio hay un traficante, Pavio Curto Bundchen (Sacha Baron Cohen) con el que tendrán que involucrarse si desean sobrevivir. La comedia es de mediocre para abajo, a pesar de que los mencionados son graciosos de verdad, pero la trama está estructurada de una manera imposible y todo se ve espantosamente artificial sin proponérselo.
Para los sudamericanos amantes del fútbol la película tiene muchos elementos de interés, asombro y, si son muy blanditos de espíritu, indignación. Claramente no hay apoyo oficial, por lo que nada parece del todo verdadero. La final que aparece en la película la juegan nada más y nada menos que los brasileros y los argentinos, aunque las camisetas, en particular la Argentina, no se parece ni un poco a la oficial. Con material de archivo posiblemente logrado por agencias, aparecen imágenes de los hinchas argentinos en las calles de Buenos Aires y ahí sí están las camisetas. También suena la canción Muchachos, lo que en una película de Hollywood dirigida por los Farrelly podría ser tomado como otra coronación de gloria. La actriz argentina Eva De Dominici hace una papel pequeño pero importante y no se luce nada. Hay tantas irregularidades con respecto a Brasil en la película que dan ganas de defenderla, ya que se extraña el cine políticamente incorrecto. Pero es mejor guardar esa energía para mejores causas. Lanzada antes del mundial 2026, todo indica que intentaron, como todas las empresas del mundo, aprovechar algo de la gran negocio. No los juzgamos.