Citizen Vigilante (Croacia/Alemania, 2026) es una película escrita, producida y dirigida por Uwe Boll y protagonizada por Armie Hammer y Costas Mandylor. El revuelo que ha generado a su alrededor le ha dado una prensa que en general los títulos de ese director ya no tienen. Uwe Boll es uno de esos realizadores que se las ha ingeniado para tener una filmografía prolífica incluso cuando la mayoría de sus películas son consideradas malas. No hablamos de largometrajes que se ven de muy bajo presupuesto y fuera del radar de los espectadores, sino de una despareja filmografía que va de lo mediocre a lo aberrante sin previo aviso y sin criterio alguno. Hay un sistema Uwe Boll para armar pequeños escándalos, conseguir que sus películas figuren en las listas de lo peor del año y te tanto en tanto conseguir contratar actores famosos para que pongan su cara. Realizador raro que sólo le interesa a quienes disfrutan de los bordes del cine aceptable. Sus adaptaciones de videojuegos han sido consideradas entre las peores de todos los tiempos. Pero no se puede decir mucho más, porque para analizar habría que ver toda su obra y nadie merece eso.
¿Y por qué Citizen Vigilante se ha vuelto tan importante en estos días? El título ya da una pista y en plano inicial tenemos otra. A la toma área general de una ciudad se le superpone un cartel enorme que nos avisa dónde transcurre la acción: EUROPA. Una madre va al supermercado con su niño y a la salida, a plena luz del día, un hombre con un machete la asesina. El niño, desesperado, ve como su madre muere desangrada. Lo siguiente que vemos es un noticiero que no indica que el asesino es un inmigrante ilegal de origen africano. Contundente y sin matices, en menos de cinco minutos la película pone el dedo en la llaga y muestra sus cartas. Aprendemos rápidamente que frente a esa situación un vigilante anónimo ha decidido hacer justicia por mano propia, persiguiendo a aquellos que la justicia europea no quiere encarcelar. Las redes sociales estallan y, no con poco humor, los fans del vigilante le agradecen por su trabajo. En resumen: una versión de El vengador anónimo (Death Wish, Estados Unidos, 1974) con Armie Hammer en el papel de Charles Bronson.
Pero no es El vengador anónimo más que en la idea de la justicia por mano propia en una sociedad donde las víctimas no son respaldadas por la justicia. La estructura de la narración es pobre, torpe, incluso confusa, el protagonista es frío, distinta, sin ningún tipo de matiz que lo haga cercano al espectador. Una fuerza robótica que repite discursos, algunos no muy claros, y que no genera empatía posible. Cinematográficamente falla en casi todos los aspectos. Armie Hammer hace lo posible para darle vida y el guión insiste en quitársela.
La película ha tenido una campaña de marketing bastante inteligente. En Alemania recibió una calificación que restringe seriamente su exhibición, lo que no equivale a prohibirla, pero tiene un efecto comercial inicial semejante. Se la ha considerado xenófoba y antiinmigración, capaz de alentar actos violentos contra los inmigrantes africanos y musulmanes. Históricamente todas las películas de justicia por mano propia han generado escándalos, pero la idea de que los espectadores son incapaces de decidir por sí mismos sigue estando vigente en el año 2026. Frente a esta situación, y con autorización del director, Elon Musk subió la película completa gratuita a X durante veinticuatro horas, generando más polémica. Uwe Boll es un mal director, pero esta vez se las ingenió para hacer ruido. Es una película ideal para que todo el mundo exprese su mirada del mundo sin verla, sesgo de confirmación a favor o en contra.
Citizen Vigilante es en general un caos, una ensalada de ideas. El protagonista es un norteamericano que ha heredado de su padre la administración de sus edificios en una ciudad de Europa. Como un Batman sin carisma, es un hombre de dinero y a la vez un justiciero. De hecho la película se llamaba El caballero de la noche pero Warner les dijo a Boll que cambiara el título porque ellos tenían los derechos. Las luchas de este justiciero van desde pandilleros a asesinos, de violadores a jueces e incluso las fuerzas de la ley. También incluye jóvenes que buscan drogar mujeres en clubes nocturnos e inquilinos que quieren quedarse en inmuebles sin pagar el alquiler. Pero el centro está en una historia real que inspiró a la película y está en el corazón de la polémica. Una violación grupal a una joven que terminó con la libertad de los atacantes. Musulmanes cuya propia familia cree que no está mal violar a una mujer que no se viste según las reglas de esa religión. Ahí la película pone su discurso y abre un debate que cierra a pura justicia por mano propia. Es el momento del descontrol pero también es un llamado de atención. Los vigilantes solo son festejados cuando nadie es capaz de defender a las víctimas. La película es mala y no corre peligro de ser popular a largo plazo, pero sí es capaz de armar revuelo con algo que está flotando en el aire. Uwe Boll lo entendió y lo puso en la pantalla. El cancelado Armie Hammer le puso rostro y el resultado es este. Nadie cambiará su forma de pensar por este largometraje. Y el director, lo conocemos bien, buscará hacer secuelas.