El problema final

Adaptación en formato miniserie de la novela de Arturo Pérez Reverte publicada en el año 2023, un homenaje tanto a Sherlock Holmes, el personaje creado por Arthur Conan Doyle, así como al actor que más lo interpretó en el cine, Basil Rathbone. Durante la primavera de 1959, trece personas quedan aisladas por un temporal en un islote próximo a Mallorca. Entre los varados está el actor Benjamin Basil (José Coronado), famoso por haber interpretado a Sherlock Holmes en cine. Nadie imagina lo que está a punto de suceder en el pequeño hotel en el que se alojan: Elisa Mander, una turista de origen inglés, aparece muerta. Lo que en un principio parece ser un suicidio pronto comienza a dar señales de ser algo mucho más inquietante: un asesinato. Benjamin Basil entonces deberá demostrar que tantos años interpretando al detective más famoso de todos los tiempos le han servido para convertirse él mismo en el único capaz de resolver el enigmático caso.

El problema final tiene todos los ingredientes de una reconstrucción prolija de un género, en este caso literario. Excelentes locaciones, cuidado vestuario, perfecta escenografía y un grupo de actores jugando a ser aquellos personajes de las novelas de detectives. Una mezcla entre Arthur Conan Doyle y Agatha Christie. Estéticamente también juega a evocar el cine de Hollywood de la década del cincuenta, con hermosas referencias a Alfred Hitchcock. No todas las actuaciones se lucen, pero el protagonista sí lo hace y con eso alcanza para colocarse un poco por encima de la medianía. Los primeros tres episodios se desarrollan como un juego y se siguen con interés y disfrute.

Pero al finalizar el tercer episodio nos prometen que falta el cierre, el clímax de la historia, y es luego de esa promesa que El problema final se deshace frente a nuestros ojos, delatando un exceso en la duración del relato. Todo el episodio cuatro es anticlimático, aburrido y hasta incómodo de ver. Lo que debería haber sido un epílogo contundente, claro y breve, se transforma en una larga secuencia de escenas que postergan una y otra vez un cierre que no merecía ser estirado de esa manera. Una pena, porque el amor por el personaje y el actor que lo interpretó son evidentes. Podría haber sido una gran película y la convirtieron en una miniserie mediocre.

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