¿Querés ser mi hijo?

Una película imposible, de esas que duele mirar. ¿Querés ser mi hijo? (Argentina, 2026) es la remake de un largometraje mexicano que dudo sea mucho mejor pero que jamás intentaré ver. Pertenece al género comedia, tal vez, o comedia dramática, quizás. ¿Comedia romántica? El formato indica que se mueve por esos carriles, pero ni la risa, ni la emoción asoman en momento alguno. Un producto mecánico de los que pululan desde hace años por el continente, teniendo cada país su propia versión, muchas veces en una secreta competencia por saber cuál es peor. No hay ganadores, sólo perdedores si algún espectador tiene la mala idea de ver más de una. Justamente, las remakes son porque cada país no logra exportar a los otros, así que todos hacen la misma mala película, con detalles locales y protagonistas nacionales.

La protagonista en este caso es Wanda Nara. Wikipedia dice que ella es modelo, conductora, cantante, mánager deportiva y empresaria argentina. Una celebridad en ciertos ámbitos de la Argentina, un personaje mediático, sea lo que esto signifique. Ahora, con su primer protagónico en cine, puede sumar a su historial el ser actriz. No es raro ni absurdo que alguien conocido dé un paso en el cine, al menos en el pasado no lo era. Deportistas, cantantes, incluso militares han dado el salto a la pantalla grande, algunos incluso haciendo carreras extraordinarias. El cine necesita espectadores y los productores deben ver de qué manera convocarlos. Actualmente, en la era del streaming, incluso no se necesita llenar salas para hacer películas. Esta es una película que tendrá mejor recorrido en la pantalla chica, algo que hoy por hoy también se calcula.

¿Querés ser mi hijo? Es la historia de Lucía (Wanda Nara) una mujer que se separa de su novio intelectual y manipulador (Jean-Pierre Noher) cuando este la hecha de la casa en la que viven luego de ser descubierto engañándola. Debe volver a su pequeño departamento de soltera a la vez con que busca concretar el que se supone el trabajo de sus sueños en una importante cadena deportiva. El conflicto surge cuando averigua que para el puesto buscan una mujer que sea madre. Lucía, de 42 años, decide entonces pedirle a su vecino Javier (Agustín Bernasconi) de 23 que se haga pasar por su hijo, pero pidiéndole que se saque cuatro años. En el encuentro familiar que arma la empresa durante un fin de semana, la mentira será puesta a prueba, a la vez que Lucía y Javier se van conociendo.

Si hay que decir que es lo que convierte a esta película en una experiencia intolerable lo primero que hay que destacar es el guión. No es sólo un ejercicio mecánico, es un auténtico mamarracho. Descuida personajes y situaciones, arma escenas que no tienen sentido alguno y nos arrastra por una escena peor que la anterior. Wanda Nara no es ninguna de las formas de actriz que pueden funcionar en el cine. Desde los actores no profesionales a los herederos de Lee Strasberg, pasando por los modelos de Robert Bresson o los carismáticos naturales, nada de lo que ha funcionado en la pantalla es representado por ella. Cada línea de diálogo es un serrucho en nuestros oídos y un pinchazo en los ojos cada expresión. El elenco que la acompaña va de lo malo a lo aceptable y, por ejemplo, Agustín Bernasconi se mueve mucho mejor que su compañera. Jean Pierre Noher, en su personaje arquetípico de intelectual miserable, demuestra que es profesional pero cuando parece encontrar cómo moverse, el guión se encarga de arruinar su enorme esfuerzo.

Hay que tener muy poco cariño por el cine para hacer esta clase de películas y ni hablar para disfrutarlas. Productos mecánicos que son una total y auténtica pérdida de tiempo. Filmar este guión es malo, hacerlo más de una vez ya bordea lo delictivo. Nadie puede sentirse orgulloso de algo así.   

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