Depredador: La presa

Depredador (Predator, 1987) es una exitosa película de acción, ciencia ficción e incluso con toques de terror protagonizada por Arnold Schwarzenegger y dirigida por John McTiernan. Tuvo una secuela digna en 1990 protagonizada por Danny Glover y luego tuvo secuelas y derivados varios. Ahora Depredador: La presa (2022) juega la carta de la precuela pero lejos de ser una excusa perezosa o forzada, resulta una entretenida e inteligente vuelta de tuerca que bien podría ser la película original de toda la franquicia. Utilizando solo como referencia explícita un arma que aparece en Depredador 2 y una línea de diálogo de la película original, el resto de la historia tiene vida propia, está filmada con estilo y cumple con todo lo que se puede esperar de una película de este tipo. Si no conociéramos de sobra al monstruo, provocaría el mismo impacto que la película de 1987.

La acción transcurre en el siglo XVIII en la Nación Comanche. La protagonista es Naru (Amber Midthunder), una intrépida y valiente guerrera que a diario intenta ser tomada en serio mientras perfecciona sus talentos de cazadora. Ella es la primera en descubrir que algo ha llegado del cielo y que se trata de una terrible amenaza. Nadie le cree, pero pronto entenderán que una criatura alienígena ha comenzado una cacería implacable contra todos ellos. Cazadores cazados por un depredador que a su vez intentarán cazarlo.  Se parece, en lo esencial, a la película original, más allá de las evidentes diferencias. Los efectos visuales actualizados intentan recrear los originales, aunque por supuesto son más refinados. Nunca intenta la película perder su conexión con el concepto de origen.

Como se trata de la Nación Comanche, la cultura woke no tiene nada que reclamar y la película cumple, sin que se vea incómodo, con la planilla obligatoria de la cultura actual. Le agrega una heroína femenina que tampoco está forzada y la actriz es brillante. El epílogo posterior al final es un poco solemne y uno se pregunta si alguna vez volveremos a tener un cine como el de antes, con las actualizaciones positivas que siempre serán bien recibidas, pero sin tener que subrayarlas tanto. El realizador de la película es Dan Trachtenberg, el mismo de Ten Cloverfield Lane (2016) y acá confirma su estilo para la narración, yendo mucho más allá de la mera ilustración de la historia. La protagonista, el director y un guión simple y sólido hacen de esta película una precuela tan bien lograda que no necesita conexión alguna con el resto de los films de Depredador. Sangre, violencia y una combinación de aventuras, ciencia ficción y terror que funciona muy bien. Lejos de ser un film raro o con un espíritu clase B, la película es una sólido relato que hubiera merecido la pantalla grande. Y tiene arenas (bueno, barro) movedizas, lo que siempre suma a cualquier largometraje de aventuras de la historia del cine mundial.

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