¿Qué hay de nuevo, Pussycat? (What’s New, Pussycat?, Estados Unidos, 1965) es una comedia dirigida por Clive Donner. El guión es de Woody Allen, en su debut en cine tanto en la escritura como en lo actoral. Los protagonistas son Peter O´Toole, Peter Sellers y Romy Schneider. También actúan Paula Prentiss, Capucine y Ursula Andress. La película hoy es recordada, sobre todo, por la canción del título, compuesta por Burth Bacharach junto a Hal David e interpretada por Tom Jones.
El título de la película fue elegido por el productor de la película, Charles K. Feldman, que había escuchado a Warren Beatty saludar así a sus amantes al hablar por teléfono. Cuenta la leyenda que la imposibilidad de memorizar sin equivocarse cada nombre, hizo que Beatty optara por un apodo común. ¿Pero qué tiene que ver él con la película? Bueno, el productor lo había elegido para protagonizarla y el proyecto estaba construido a partir de Warren Beatty. En algún momento, seguro de que no harían la película sin su presencia, el actor se puso exigente en las negociaciones y se quedó fuera del proyecto. Su lugar lo ocuparía Peter O´Toole, protagonista, tres años atrás, de Lawrence de Arabia, uno de los grandes clásicos de todos los tiempos.
Michael James (O´Toole) es un playboy que se niega a abandonar su vida hedonista a pesar de estar enamorado de su novia, Carole Werner (Romy Schneider). Pero el tiempo se le acaba, porque ella quiere formalizar y casarse, por lo cual Michael deberá ordenarse o perderla. Para solucionar el conflicto acude al Doctor Fritz Fassbender (Peter Sellers), un psiquiatra aún más hedonista que él y completamente chiflado. El resto, claro, es pura comedia de enredos. ¿Qué pasa, Pussycat? es una mezcla de comedia romántica, screwball comedy y comedia slapstick. En gran parte, claro, mérito del guionista Woody Allen. No es difícil rastrear elementos que él mismo utilizó en sus propios films al convertirse en director.
¿Qué pasa, Pussycat? es una película de su época. Tiene la osadía de los cambios de la década del sesenta pero todavía se rige por muchos elementos formales del cine clásico. Festeja a su modo el amor libre, pero sin pasarse de rosca. La música, el vestuario, los peinados, todo eso marca bien el período en la cuál fue filmada. Se nota, para bien o para mal, el caos de rodaje y la variedad en los métodos actorales. Woody Allen quedó tan decepcionado por lo que le hicieron a su guión que se prometió a sí mismo empezar a dirigir sus guiones. Todavía le quedaba otro trabajo para otros, nada menos que Casino Royale (1967) otra película marcada por la época, con varios actores en común con esta película. Ambas son caóticas, despreocupadas, libres a su modo y teñidas por el espíritu, aún no decepcionado, de la década.
¿Qué pasa, Pussycat? tiene varios momentos muy graciosos y Woody Allen se da el lujo de armar una escena semejante al camarote de los hermanos Marx, una clásica escena de comedia absurda. La comedia física le gana por momentos al humor sexual y la escena de los kartings tiene algunos planos que son la felicidad misma. Al fin y al cabo son todos actores jóvenes en el nacimiento o el esplendor de sus carreras, esa vitalidad se respira en muchos momentos. Cómo todo film vital y juvenil, puede encerrar algo de melancolía al ser vista hoy, siguiendo fuera de la pantalla el destino y la carrera de varios de los protagonistas. Algunos brillan más que otros y Paula Prentiss, excelente comediante que parecía tener destino de superestrella, sufrió un colapso nervioso en el rodaje y quedó fuera del cine durante años. Regresaría para varios papeles más, pero su carrera no fue la misma, no en intensidad al menos. Woody Allen es Woody Allen y Peter Sellers tiene la ambigüedad de sus películas más oscuras. La sonrisa de Romy Schneider, en particular una risa no fingida en una de las escenas finales, es algo que solo la fotogenia puede explicar. El éxito de la película, en particular por la canción, llevó a hacer una especie de secuela años más tarde, pero no hay una conexión que amerite verlas juntas. Los cameos de Richard Burton y Françoise Hardy son otro motivo de genuina alegría. A pesar de ser despareja y algo desordenada, ¿Qué pasa, Pussycat? tiene una simpatía, incluso en sus aspectos más angustiantes, que la ha convertido en un clásico.