Carrera contra el tiempo

Un género conocido y transitado, el del protagonista obedeciendo órdenes telefónicas para cumplir una misión contra su voluntad a fin de salvar a alguien. En este caso la protagonista es Maia (Gal Gadot), una abogada que debe asesinar a un cliente testigo en un caso clave. Si no lo hace, el hombre que la llama por teléfono (Damian Lewis) amenaza con matar a Noah (Rory Wilmot), el hijo diabético de Maia. Es una carrera contrarreloj que la protagonista deberá enfrentar moviéndose por las calles de Londres, la mayor parte del tiempo corriendo. Ella es corredora y está vestida como tal al inicio del conflicto.

Hay muchas películas con este concepto y en particular recordamos una escena de Harry el Sucio (Dirty Harry, 1971) de Don Siegel, donde el inspector Callahan (Clint Eastwood) debía llegar a diferentes cabinas telefónicas para cumplir con las órdenes del villano del film. Pero el antecedente más parecido es Tiempo límite (Nick of Time, 1995) de John Badham, dónde Johnny Depp debía realizar algo bastante parecido, matando a un político para salvar a su hija secuestrada. No es necesario hacer comparaciones y hay muchos más ejemplos, no sólo en cine sino también en episodios de series de televisión. Si se realiza con el ritmo adecuado, la trama funciona.

Y Carrera contra el tiempo tiene el ritmo adecuado, llevando la acción con buen pulso y moviéndose por terrenos de más o menos inverosimilitud pero sin decaer nunca. La película es corta, porque la historia lo requiere. Gal Gadot, entrenada para la ocasión, corre por las hermosas calles de Londres y entrega la que tal vez sea su mejor actuación. La película es ella y se sostiene sobre sus hombros. La ciudad y la actriz son lo mejor de la película. El cierre, como era de esperarse, tiene su vuelta de tuerca que no anticiparemos, pero que también hemos visto en otras películas, algunas muy famosas. Todo pasa tan rápido que no hay mucho para pensar, pero ese es el truco de esta pequeña y efectiva película.

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