La tienda de los deseos malignos (Needful Things, Estados Unidos, 1993) es una de las adaptaciones olvidadas de libros de Stephen King, su fama no se compara a la de los grandes clásicos del cine basados en el escritor como Carrie, El resplandor o Misery. Sin embargo es una pieza clave a la hora de repasar ese universo. Y además no sólo transcurre en el pueblo de Castle Rock, Maine, el pueblo ficticio de los libros de Stephen King sino que además está producida por Castle Rock, la productora de Rob Reiner nombrada como homenaje al pueblo de Castle Rock.
Leland Gaunt (Max von Sydow) es un anciano de apariencia amable que llega a Castle Rock y abre una tienda de antigüedades en la que cada vecino encuentra, sin mayores explicaciones, el objeto que más desea. El precio, además del dinero, es un pequeño favor: una broma pesada a otro habitante del pueblo. Las bromas despiertan viejos rencores y el pueblo empieza a destrozarse a sí mismo. Poco a poco, lo que parece una serie de picardías malignas, se transforma en un verdadero infierno. El sheriff Alan Pangborn (Ed Harris), parece ser el único inmune a las tentaciones del comerciante y acompañado por Polly Chalmers (Bonnie Bedelia), comprende que detrás del anticuario hay algo mucho peor que un estafador o un bromista. Sin embargo ella también cae en la tentación de pedir un deseo.
La película, si bien pertenece al género de terror, es de las que con mayor claridad expresa una mirada del mundo por parte del autor. El pueblo tiene un sinfín de angustias, dolores y rencores que permiten que el siniestro personaje termine dominándolo todo. El elenco de los noventa y la forma en la que está contada le dan una clara identidad de aquellos años. Al gran trío protagónico de Ed Harris, Max Von Sydow y Bonnie Bedelia hay que sumarle a Amanda Plummer, J.T. Walsh, Ray McKinnon, Don S. Davis y William Morgan Sheppard. Un casting estándar de buen nivel que marca también la calidad de la película. El realizador es Fraser C. Heston, el hijo de Charlton Heston, a quién dirigió varias veces y que se convirtió, casi en exclusividad, en el principal actor dentro de su breve filmografía. La tienda de los deseos malditos pide urgente ser revisada y reivindicada. Su corte fantástico, su intensidad, su drama y hasta un poco de su sentido del humor siniestro, la convierten en un auténtico clásico del mundo de Stephen King.